jueves, 28 de agosto de 2008

EL EPITAFIO DE SEIKILOS



ὅσον ζῇς, φαίνου, μηδὲν ὅλως σὺ λυποῦ.
πρὸς ὀλίγον ἐστὶ τὸ ζῆν, τὸ τέλος ὁ χρόνος ἀπαιτεῖ.


Mientras vivas, brilla, no estés triste en absoluto;
la vida es breve, el tiempo exige su tributo.


El epitafio de Seikilos contiene la melodía escrita más antigua conocida. Se remonta al siglo I. Consiste en un fragmento de texto con notación musical hallado en una columna de mármol puesta sobre la tumba que había hecho construir Seikilos para su mujer Euterpe en Aydin, cerca de Trelles, Asia Menor. El texto habla de la brevedad de la vida, y la melodía, escrita en modo frigio y género diatónico, se desenvuelve en un ámbito de octava justa.


La canción está precedida por el siguiente texto: Soy una imagen de piedra. Seikilos me puso aquí, donde soy por siempre, el símbolo de la evocación eterna.

La estela desapareció en 1922 durante el Holocausto de Asia Menor. Luego se encontró, rota en su base. Una mujer la tenía y la usaba para apoyar una maceta en su jardín, la base fue cortada. Hoy está en el Museo Nacional de Dinamarca.

Otra versión: Gregorio Paniagua: Musique de la Grèce Antique


El blog Voces griegas ofrece un estupendo trabajo realizado por alumnos inspirado en el tema.

Ancient greek music

Wikipedia: El epitafio de Seikilos

3 comentarios:

Nikos-Emmanuel dijo...

Hola, Juan Andrés:

Realmente encantadoras las dos versiones que nos ofreces del epitafio de Seikilos. Tan encantadoras como tu excepcional blog, el cual voy degustando poco poco.

Toda una sorpresa ha sido para mí encontrar mi blog entre tus favoritos. Ευχαριστώ πολύ! También te he enlazado entre los míos.

Να είσαι πάντα καλά!

Ana dijo...

Gracias por la referencia, Juan Andrés. En cuanto comience el curso se lo cuento a los alumnos para que vean que su esfuerzo se mantiene vivo en la red. Fue un trabajo absolutamente voluntario, preparado en horas libres y vacaciones, por lo que ver que se valora en otros sitios fuera del ámbito escolar en el que se preparó nos da mucha alegría.

María García Esperón dijo...

Juan Andrés:

Gracias por tanta belleza trascendente.