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domingo, 11 de octubre de 2020

EL INFINITO EN UN JUNCO - Irene Vallejo


Por Emilio del Río - 27 de marzo de 2020

El junco de papiro crece en las aguas del Nilo, alcanza entre tres y seis metros y con las fibras del tallo los egipcios descubrieron, hace cinco mil años, que además de sandalias, cuerdas y cestas, podían fabricar hojas en las que escribir. Luego cosían estas láminas hasta formar una tira larga, que guardaban enrollada. Habían inventado el rollo de papiro. 

 Después de siglos escribiendo sobre materiales como la piedra, la madera o el metal, los egipcios habían logrado fijar la escritura sobre un objeto flexible, ligero y transportable. Un avance revolucionario. Ese es un momento estelar de la humanidad, digno de un capítulo en esa memorable obra de Stefan Zweig. 

 El infinito en un junco es el título del libro de Irene Vallejo. Doctora en Filología Clásica por las Universidades de Zaragoza y Florencia, Irene Vallejo es también novelista, columnista en el Heraldo de Aragón y autora de dos libros infantiles. Woody Allen dice en uno de sus guiones «he acabado un curso de lectura rápida», y su interlocutor le pregunta, «¿qué tal te ha ido?», a lo que Allen contesta, «bien, bien, he leído Guerra y Paz». De nuevo le pregunta su interlocutor «¿Y de qué va la novela?» (esta novela de Tolstoi tiene 1.300 páginas), a lo que Allen sentencia «Va de rusos». 

 ¿De qué va El infinito en un junco? Pues bien, va de libros y de bibliotecas. Es una historia de los libros en un recorrido apasionante por el mundo clásico que llega hasta las lecturas de nuestros días y nuestras noches. El subtítulo lo explica: La invención de los libros en el mundo antiguo. Pero es mucho más que un recorrido deslumbrante por la historia de los libros en el mundo clásico. A lo largo de estas 449 páginas hacemos, en realidad, un viaje por el mundo clásico a través de los libros. Y todo ello con referencias constantes a la actualidad, pasando por autores y cineastas que han formado parte de una educación sentimental (Flaubert dixit), en la que me siento identificado; de Borges a Twain, de Cavafis a Bryce Echenique, de Canetti a Faulkner, de Auster y Pérez-Reverte a Vargas Llosa, de Tarantino a Scorsese. 

 Sostiene Vallejo que los libros «tienen la sutil capacidad de trazar un mapa de los afectos y las amistades». El infinito en un junco es una apasionada declaración de amor a la lectura, a la literatura, es una declaración de amor a los libros: «Hay algo asombroso en el hecho de haber conseguido preservar las ficciones urdidas hace milenios. La humanidad desafió la soberanía absoluta de la destrucción al inventar la escritura y los libros. De alguna forma misteriosa y espontánea el amor por los libros forjó una cadena invisible de gente que, sin conocerse, ha salvado el tesoro de los mejores relatos, sueños y pensamientos a lo largo del tiempo».

 Este libro es Las mil y una noches de los libros y de las bibliotecas en el mundo clásico. Va enlazando relatos que surgen uno del otro, al contarse uno, de repente surge otro relato, y este otro crea otro nuevo. La narratio de la retórica clásica, story telling le llaman ahora (al decirlo en inglés le parece más importante a quien lo pronuncia). De la fascinante historia de la Biblioteca de Alejandría a la imaginada Biblioteca de Babel de Borges (¿o era real?), pasando por la Villa de los Papiros de Herculano, de los poemas de amor de Safo a la subversión amatoria de Ovidio, este libro es también una reivindicación práctica de los clásicos grecolatinos, de la necesidad de las humanidades clásicas para entendernos mejor a nosotros mismos (a veces es doloroso). «No todo lo nuevo merece la pena: las armas químicas son una invención más reciente que la democracia», y es que, decididamente, no hay nada más moderno que el mundo clásico.

 Clasificamos las cosas para comprenderlas mejor, y clasifican este libro como ensayo, pero es en parte un libro de memorias, es un libro de relatos y, sí, es también un ensayo, que tiene ritmo narrativo y poético, deliciosamente escrito, en el que el lector se disuelve al leerlo. Unos egipcios, al borde del Nilo, hace cinco mil años, mezclaron la orientación de las fibras del junco de papiro y así inventaron una hoja en la que escribir. Lo hicieron para que, cinco mil años después, pudiéramos disfrutar tanto leyendo esta obra luminosa, El infinito en un junco, cuya lectura atrapa y seduce al lector con su ritmo, su fluidez y su fuerza. 

 EL LIBRO, CORREDOR DE FONDO:  «El libro ha superado la prueba del tiempo, ha demostrado ser un corredor de fondo», y miles de años después leerlo es una de las cosas que le dan sentido a este suspiro. Leer esta obra de la filóloga clásica Irene Vallejo es, como escribió Marco Aurelio, «retirarte hacia esa pequeña región en la que eres tú mismo». No te la pierdas. 

Via: Nueva Revista


viernes, 17 de agosto de 2018

LA LENGUA DE LOS DIOSES (Andrea Marcolongo)



Este maravilloso libro, la sorpresa editorial del año en Italia, posee el poder de despertar en cualquier persona un interés insospechado por el griego antiguo:

"La lengua de los dioses no es un manual tradicional, un ensayo académico, una clase impartida desde lo alto de la tarima: es una síntesis del alma a través de una lengua antiquísima como la griega que, sin embargo, no ha sido nunca tan moderna" 

"No existen lenguas muertas o no muertas; lo que existe son lenguas fecundas, tan fértiles como el griego, que forman parte de nuestra lengua materna, tan potentes que forman parte de vosotros mismos."




martes, 1 de mayo de 2012

PEDRO OLALLA PRESENTARÁ SU PELÍCULA "CON CALIYANNIS" Y SU LIBRO "HISTORIA MENOR DE GRECIA" EN GIJÓN.


Los próximos viernes 11 y sábado 12 de mayo de 2012 tenemos como invitado a Pedro Olalla en el Salón de actos del CCAI de Gijón. El viernes será a las 19:30 y el sábado a las 19:00. 

 El viernes 11, Pedro Olalla presentará Con Caliyannis , la cuarta y última película de nuestro ciclo de cine griego en versión original, que él nos había obsequiado el pasado otoño en Oviedo. Es la primera vez que se proyecta esta película en España.

 Pedro Olalla viene de Atenas a presentar este nuevo libro suyo, Historia menor de Grecia, de la editorial Acantilado, en Barcelona, Zaragoza y Gijón.




Él mismo ha querido que fuera Céfiro quien organizara este acto en Asturias, lo cual nos complace sobremanera y así lo hemos hecho, de modo que tendremos dos actos en dos días seguidos ya que su breve paso por España así lo requiere. Tras la presentación del libro, el sábado 12, podrá haber un diálogo con el público que desee conversar con él.




Via: Céfiro
Vide: Reseña de Antonio Rico en La Nueva España (11-06-2012)


sábado, 31 de marzo de 2012

JULIO MEDEM CONVIERTE EN NOVELA EL GUION QUE NO PUDO LLEVAR A LA GRAN PANTALLA



Victoria Cardiel www.cadenaser.com 20/03/2012

De la gran pantalla, a la estantería de una biblioteca. Así podríamos resumir el recorrido de la mujer que enamoró a Pericles y a Julio Medem. 'Aspasia, amante de Atenas', que comenzó siendo un guión cinematográfico, es la primera novela del director donostiarra; un retrato crucial de los orígenes de la cultura Occidental. Aspasia de Mileto fue uno de los personajes más influyentes de la Grecia clásica, amiga de Sócrates y compañera de Pericles, nacida en 470 a.C. en el seno de una familia rica.

Aspasia, amante de Atenas comenzó siendo un ambicioso guion, pero la falta de recursos económicos hubo de avivar el ingenio de la pluma literaria del director de Los amantes del Círculo Polar, Lucía y el sexo o Habitación en Roma. Y el cineasta se convirtió en escritor.

Julio Medem lleva más de 6 años trabajando en este proyecto y, tal y como ha confesado, "el guion era muy complicado de producir, no había mucho dinero, y fui rebajando, fui quitando cosas, pero me di cuenta de que perdía mucho y entonces paré y dije ya, se acabó; voy a escribir algo mucho más desarrollado y más extenso".

El director vasco siempre se ha considerado escritor, incluso cuando escribía guiones. La diferencia entre el lenguaje cinematográfico y el literario es evidente, el cine trabaja a través de la imagen y la escritura, a través de la palabra. Para Medem son oficios distintos, "pero la labor del escritor es más absorbente". Incluso ha subrayado que "se tarda más, porque se necesitan todas las horas del día para poder cocinarte poco a poco, tienes que estar absolutamente metido".

Julio Medem es un apasionado de la historia y ha decidido fijarse en la Grecia clásica para escribir Aspasia, amante de Atenas, cuya protagonista es una mujer que con su sabiduría y belleza cautivó a Pericles. "Fue una mujer completa, tan bella como Afrodita y tan sabia como Atenea", aseguró el cineasta.

Via: CulturaClásica.com

viernes, 30 de marzo de 2012

ALEJANDRO MAGNO EN EGIPTO

Historia National Geografic - nº 100 pag. 56

EnlaceTras ser proclamado faraón, en 331 a.C., Alejandro Magno viajó hasta el oasis de Siwa, donde un oráculo le reveló que era hijo de un dios.

Una vez concluida la conquista de Egipto, Alejandro Magno decidió adentrarse en el desierto de Libia hasta llegar al oasis de Siwa, a fin de consultar sobre su futuro al célebre oráculo del dios Amón. En el año 331 a.C., en su marcha victoriosa contra el Imperio del Gran Rey persa Darío III, Alejandro Magno llegó hasta los confines de Egipto. El conquistador macedonio, que tuvo que emplear todos sus medios militares para someter a las ciudades de Palestina –sobre todo Tiro y Gaza–, penetró en el país del Nilo sin resistencia. En la fortaleza fronteriza de Pelusio, el sátrapa o gobernador persa, Masaces, salió a su encuentro para entregarle el poder y el tesoro de sus arcas, unos 800 talentos.

Alejandro prosiguió su avance al frente de su ejército hasta la ciudad de Menfis, la capital tradicional del Bajo Egipto, donde hizo su entrada triunfal aclamado por las gentes. Para gran parte de los egipcios, Alejandro aparecía como un libertador. Desde la conquista de Egipto por Cambises en 526 a.C., el dominio persa había provocado gran resentimiento, sobre todo por sus exacciones fiscales y su desprecio a las creencias nacionales egipcias. Las rebeliones fueron constantes y, de hecho, desde 404 a.C. se formaron sucesivamente tres dinastías egipcias que lucharon contra los persas, hasta que en 343 a.C., apenas diez años antes de la llegada de Alejandro, el último faraón independiente de Egipto, Nectanebo II, fue expulsado por Artajerjes. En Menfis, Alejandro se cuidó de mostrar su veneración a los dioses egipcios, rindiendo honores a Apis, el toro sagrado. A cambio fue reconocido como legítimo faraón y entronizado según el rito tradicional con el apoyo del pueblo y de los sacerdotes. Pero el nuevo faraón no permaneció muchos días en Menfis. De la capital se dirigió hacia el norte siguiendo el brazo occidental del Nilo hasta el puerto de Canopo, y desde allí progresó por la costa mediterránea hasta la aldea de Rakotis, un antiguo puesto fronterizo entre Egipto y Libia. Era un pequeño poblado situado en una lengua de tierra entre la laguna de Mareotis y la costa marina, frente a la que se situaba la isla de Faros, en la que, contaba la Odisea, habían recalado Menelao y Helena al volver de Troya.

En aquella franja de tierra, Alejandro decidió levantar una ciudad que llevaría su nombre y que muy pronto se convertiría en el gran puerto mediterráneo de Egipto y en la mayor metrópolis helenística: Alejandría. Se cuenta que él mismo trazó los planos de la ciudad y encargó que comenzara su construcción. Pero entonces, mientras los obreros se afanaban en construir los primeros edificios de la ciudad, Alejandro decidió emprender la marcha hacia el oeste con el propósito de visitar el santuario del dios Amón en el oasis de Siwa y consultar su oráculo. Era una iniciativa desconcertante, pues Siwa no tenía ningún interés militar y la visita suponía demorar bastante el enfrentamiento definitivo con el rey persa Darío III, que estaba reclutando en el interior de Asia un gran ejército para vengar su derrota en Issos. Se trataba, también, de una expedición peligrosa, pues conllevaba internarse por una gran extensión desértica hasta alcanzar el oasis, que estaba a casi quinientos kilómetros de distancia del valle del Nilo. De hecho, se decía que en el intento de alcanzarlo, el gran ejército del rey persa Cambises se había perdido, sepultado bajo las implacables arenas. Además, muchos se preguntaban qué objeto tenía consultar el remoto oráculo de un dios libio y egipcio como Amón. No sabemos con precisión lo que Alejandro preguntó ni escuchó en el interior del santuario. Allí penetró solo, en su condición de rey o faraón de Egipto. Luego se mostró muy satisfecho de su visita, pero guardó un total silencio sobre lo que le fue revelado. No tardaron en correr diversas versiones sobre la consulta. Se decía que había preguntado si reinaría sobre toda la tierra y si los asesinos de su padre, víctima de una conspiración de palacio, habían recibido su justo castigo. El sacerdote respondió que reinaría sobre un imperio y que Filipo sí había quedado vengado. Pero lo más importante fue la declaración del oráculo de que Alejandro no era hijo de Filipo, sino del gran dios Amón, aquel al que los griegos identificaban con Zeus. Desde entonces, el monarca macedonio se presentó como hijo del gran dios y mantuvo a lo largo de los años una veneración especial hacia Amón, al que dedicó muchos sacrificios.

Via: Historia National Geografic - nº 100


Historia National Geographic, revista mensual de divulgación histórica perteneciente al grupo editorial RBA que acaba de alcanzar su publicación número 100, nos ofrece este mes un interesante especial sobre Grecia de más de 140 páginas a todo color con 10 artículos escritos por especialistas reconocidos, invitándonos a hacer un recorrido por la historia y la cultura de la antigua Grecia.

martes, 19 de julio de 2011

EL DIOSCÓRIDES INTERACTIVO (EUSAL)


Ediciones Universidad de Salamanca publicó en el año 2006 una edición facsimilar del texto de Dioscórides, una traducción del mismo acompañada de estudios y un DVD multimedia de cuyo desarrollo surge ahora el Dioscórides Interactivo.

Universidad de Salamanca
www.eusal.es

El tratado De materia medica (Sobre los remedios medicinales) de Dioscórides es una de las obras de la ciencia griega que más tiempo y en más ámbitos ha influido. Es un tratado eminentemente práctico: un repertorio de simples, es decir, sustancias animales, vegetales o minerales que tienen efectos terapéuticos por sí mismas (aunque puedan, también, servir para elaborar compuestos), fechado en el s. I d.C.

Básicamente la obra de Dioscórides consiste en describir una tras otra diferentes sustancias y enumerar las propiedades terapéuticas que se asocian a cada una de ellas, así como la forma de aplicación y, en algunos casos, forma de preparación y conservación. Concretamente, son 957 las secciones o capítulos que nos presenta que se corresponden con un simple (o, en algunos pocos casos, un producto elaborado a partir de él). La mayor parte de estas secciones son breves.

Este tipo de repertorios de medicamentos se empezaron a hacer en el ámbito cultural griego a partir del s. IV a.C. Probablemente tuvieron un desarrollo importante en la etapa alejandrina, ss. III a I a.C. La mayor parte de los simples de Dioscórides son plantas, concretamente nos presenta 579 plantas. Al margen de eso se habla de 61 animales de los que pueden extraerse remedios medicinales, 102 minerales, piedras o tierras y, finalmente, 72 preparados a base de alcohol o vinos y otros productos que no se pueden asociar a ninguna especie concreta de animal, planta o mineral, del tipo leche, orina, excrementos, grasa, etc. Es clara, pues, la preponderancia de los vegetales como origen de estos medicamentos.

Las secciones dedicadas a vegetales se abren siempre con una descripción botánica –muy breve, a veces– y en ese sentido se transforma en un tratado de botánica; la finalidad de esa descripción es que el lector pueda reconocer la planta de la que se está hablando. Por otra parte, esos remedios sirven para curar enfermedades y males concretos, con lo que es un repertorio de las patologías que reconocían los médicos griegos antiguos. Como vemos, tiene puntos de interés para muchas disciplinas. La organización general de la obra agrupaba los remedios por su tipo: en el libro I, las plantas aromáticas, los aceites, perfumes y árboles; en el II, los remedios de origen animal; en los II, III y IV, plantas no arbóreas; en el V los vinos y aguas y remedios derivados de minerales, tierras, etc. Lo más interesante desde el punto de vista botánico es que dentro de los tipos señalados se hacían agrupaciones de plantas morfológicamente parecidas, así la mayor parte de las umbelíferas se tratan desde la sección 3.48 a la 3.84.

Sin embargo, poco tiempo después de la publicación (ya en el s. III), hubo la tendencia a disponer los remedios por orden alfabético para facilitar el uso del tratado, con lo que quizá se facilitaba encontrar los remedios pero desaparecía el criterio original que, como hemos señalado, es de un interés indudable. Más adelante se consiguió conciliar de alguna manera las ventajas de ambas disposiciones: se mantenía el orden original pero se añadía un índice inicial alfabético de los remedios a los que se remitía mediante números al lugar que ocupaban. De este modelo, característico de manuscritos a partir del s. XII, es el de Salamanca.

El Dioscórides interactivo es un Proyecto de Investigación Estudios De materia medica de Dioscórides, dirigido por el prof. Antonio López Eire, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (MICINN HUM-2006-08794).

Vide: DIOSCÓRIDES INTERACTIVO


Via: CulturaClasica.com

sábado, 9 de julio de 2011

RENTABILIDAD Y EDUCACIÓN : "SIN FINES DE LUCRO" Martha C. Nussbaum



Cuando se habla, y se habla mucho, de la rentabilidad y se propone lo "rentable" como el objetivo de una empresa o el criterio para evaluar su validez, se piensa siempre en rentabilidad económica o comercial. Lo "auténticamente rentable" se define por producir un beneficio más o menos inmediato, que en último término puede evaluarse en dinero. Lo rentable redunda en "incrementar el producto bruto interno per capita". No es que tan loable objetivo me parezca mal (sobre todo en momentos de crisis); pero tengo muchas dudas de que ese criterio económico deba convertirse en un fin último de la sociedad humana, o que sirva como criterio decisivo y pretexto válido para recortar la educación y la enseñanza en general. Sobre todo en las enseñanzas de más alto nivel, como las universitarias, como algunos políticos airean. Pero no voy a entrar aquí en una discusión a fondo de la cuestión, tan política como ética, que podría derivar en una inagotable polémica sobre medios y fines, valores humanos y presupuestos ideológicos. (La vida es breve y el asunto demasiado oscuro, como diría Protágoras). Me limitaré a destacar la inteligencia con la que trata el tema Martha Nussbaum en su reciente Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades.

Insisto: que no es éste un problema que afecte sólo a los planes de educación y enseñanza del país y sus periferias, ni a una determinada maquinación política, sino a una tendencia cada vez más universal a despreciar las enseñanzas humanísticas y verlas como un gasto inútil. "La educación para el crecimiento económico se opondrá a la presencia de las artes y las humanidades como ingredientes de la formación elemental mediante un ataque que, hoy en día, se puede observar en todo el planeta", advierte Martha Nussbaum al analizar la situación de la enseñanza en Estados Unidos y la India actual. (Eso vale también para otros países). Y añade otra advertencia: "Producir crecimiento económico no equivale a producir democracia, ni a generar una población sana, comprometida y formada que disponga de oportunidades para una buena calidad de vida en todas las clases sociales".

Aunque sea sin duda un síntoma inquietante la mala salud democrática que supone el aumento de una masa inculta y acrítica (algo que suele resultar muy rentable para ciertos Gobiernos que aprovechan esa deriva), me preocupa más ese progresivo empobrecimiento cultural para la vida personal. Aplicada sin escrúpulos y con estatal contundencia, esa "educación para el crecimiento económico" que renuncia a la cultura no utilitaria degrada muy pronto la enseñanza pública cuando a todos los niveles educativos prioriza lo "rentable" y va eliminando lo de dudoso rendimiento inmediato, viendo la tradición cultural como un lujo. La renuncia a la cultura humanista significa un deterioro a la larga no sólo para la democracia (cada vez menos reflexiva y más gregaria y fanática), sino para la formación íntegra de los seres humanos, al descuidar aspectos de la educación que hacen la vida más cultivada y feliz. Es bueno, sin duda, aprender una profesión de manera exhaustiva y especializarse. Pero es triste limitar la educación a las destrezas profesionales; la educación es mucho más que prepararse para el éxito económico. (Y más cuando ni siquiera garantiza éste). Las enseñanzas de arte y de las humanidades (en el sentido más amplio del término) ayudan a entender y valorar no sólo el contexto inmediato, sino que abren horizontes y brindan libertad y crítica frente al opresivo entorno económico y las presiones mediáticas.

Sobre esto había ya escrito Nussbaum en El cultivo de la humanidad hace unos años. Allí insistía en la importancia que tiene para la vida la "imaginación narrativa" y el "autoexamen socrático" para ser "ciudadanos del mundo". Y el papel educativo de la literatura, el arte y lo lúdico. Escribía más a fondo, pero con el mismo trasfondo, sobre educación universitaria y ética. Insistía en cómo la educación debería cultivar al máximo nuestra imaginación e inteligencia personal sirviéndose de la tradición y del presente. Deberíamos releer esos consejos. Porque acaso la sociedad y convivencia democrática mejorarían si quienes se ocupan de dictaminar y organizar la educación se preocuparan, sin prejuicios, de lo que es más humano y, a la larga, de verdad rentable.

Traducción de María Victoria Rodil. Katz. Madrid-Buenos Aires, 2010. 199 páginas. 16,50 euros.

El cultivo de la humanidad. Una defensa clásica de la reforma en la educación liberal. Martha C. Nussbaum. Traducción de Juana Pailaya. Paidós. Barcelona, 2005. 338 páginas. 24 euros.

Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) es autor, entre otros, libros, de Prometeo: mito y literatura y Encuentros heroicos. Seis escenas griegas (ambos en Fondo de Cultura Económica).

domingo, 17 de abril de 2011

FILOSOFÍA Y CIENCIA EN HIPATIA



Este libro podría titularse Hipatia y Sinesio, porque fundamentalmente es eso: un estudio en díptico sobre estas dos figuras, vecinas y diversas, maestra y discípulo, que vivieron en la agitada Alejandría del Bajo Imperio, en una época turbulenta, y compartieron una misma forma de vida, como subraya en su prólogo A. García Marqués, definida por su sincera dedicación a la filosofía, y murieron a poca distancia, pero con destinos contrapuestos. Hipatia fue martirizada por una horda de monjes fanáticos en 415, y Sinesio, más joven, murió pocos años antes, como obispo de Cirene, abrumado por ese cargo, que le alejaba de sus reflexiones filosóficas y enfrentaba a los bárbaros. La relación con el cristianismo fue muy distinta en uno y otro caso; pero, aunque la conversión tardía de Sinesio le distanció algo de su idolatrada maestra, ambos eran esencialmente filósofos neoplatónicos. De Hipatia, pese a sus notables méritos astronómicos y matemáticos, apenas quedaría memoria de no haber sido tan ferozmente descuartizada (o lapidada). Del sensible Sinesio tenemos algunas obrillas interesantes y un montón de cartas afectuosas, que revelan la humanidad de un pensador y poeta muy digno en el ocaso del imperio. El martirio hizo de ella una santa pagana, trágica víctima de la intolerancia religiosa, asesinada por ser mujer ilustrada y brillante. Sinesio, en cambio, pervive sólo como autor conocido por los aficionados a la literatura del helenismo tardío.

El éxito de la película Ágora ha relanzado la imagen de la sabia profesora alejandrina. Esa fama justifica el minucioso análisis crítico de la película y sus motivos, así como de los vaivenes ideológicos que colorean el prestigio secular de Hipatia. Al margen de tantas novelas ocasionales, he aquí un estudio a fondo, nada romántico, excelente por su precisión crítica y su dominio de la amplia bibliografía, que sitúa admirablemente a los dos amigos alejandrinos en un panorama histórico y filosófico de singular atractivo intelectual.

Filosofía y ciencia en Hipatia
Pedro Jesús Teruel
Gredos. Madrid, 2011
215 páginas. 24 euros

domingo, 20 de marzo de 2011

JUAN CARLOS IGLESIAS ZOIDO PUBLICA "EL LEGADO DE TUCÍDIDES EN LA CULTURA OCCIDENTAL"


Juan Carlos Iglesias-Zoido, Profesor Titular de Filología Griega de la UEX y Coordinador del Grupo de Investigación “Arenga. Retórica e historiografía desde la Antigüedad hasta el Renacimiento” acaba de publicar en la colección científica Humanitas Supplementum de la Universidad de Coimbra el libro titulado El legado de Tucídides en la cultura occidental. Discursos e historia (Humanitas Supplementum nº 10), Coimbra: Universidad de Coimbra, 2011. ISBN 978-989-8281-75-3. 30€

El libro está disponible tanto en impresión tradicional como en formato electrónico: https://bdigital.sib.uc.pt/jspui/handle/123456789/61

“Pocos autores de la Antigüedad han sido más admirados que Tucídides y, sin embargo, pocas obras como la suya han ofrecido una resistencia mayor a una comprensión cabal y profunda. Intentar explicar esta paradoja, repetida insistentemente durante siglos, ha llevado a desvelar en este estudio algunas claves poco tenidas en cuenta hasta el momento, sobre todo en lo que se refiere a la manera en que desde la Antigüedad hasta nuestros días se la leído la Historia tucididea y particularmente sus discursos. Las alocuciones de los personajes, insertadas en una narración que el autor pretendía que se convirtiera en una “posesión para siempre” (ktêmá es aiéi), constituyen la clave que nos permite entender la vigencia del legado de Tucídides después de 2.500 años. Este libro recorre el camino de ese legado en la cultura occidental”.

Via: CulturaClásica.com

sábado, 16 de octubre de 2010

EDICIONES PÀMIES PUBLICA "ARETES DE ESPARTA" DE LUÍS PRATS


Recuerdo que, de niña, antes de acostarme, me sentaba en las rodillas del abuelo Laertes y él dejaba que acariciara su barba blanca y recorriera con los dedos las arrugas y las cicatrices que adornaban su rostro solemne. Luego el abuelo decía para sí: Ha sido el miedo. El miedo al persa, el horror a perder la libertad, lo que ha hecho que Esparta se convierta en lo que es ahora. Es el miedo la causa de que ya no haya tiempo para la música o la poesía.

Esparta, 432 a.C. Aretes, anciana lacedemonia, se dispone a recordar los acontecimientos que han marcado su vida. Será su voz, serena y apasionada, la que describa la azarosa historia de su familia —que contra su voluntad se verá envuelta en las intrigas de la época— y, a través de ella, la forma de pensar y vivir de los espartanos, sus leyes y sus costumbres, y revele los problemas internos y las traiciones en la ciudad, la creciente enemistad con Atenas y la destrucción del terremoto que asoló Esparta.

Será ella quien detalle los hechos que marcaron el futuro de su pueblo: la mítica batalla de las Termópilas y la posterior y definitiva batalla de Platea, en la que los persas fueron finalmente expulsados de Grecia.

Todo ello en un relato introspectivo, tierno y crítico a la vez, en el que se descubre una historia de amor y valor, de honor y pérdida. Una historia de los hombres más valerosos que hayan pisado la Tierra, inmortalizada por la memoria de una mujer.

Lluís Prats nació en Terrassa (Barcelona) en 1966. Estudió Arte y arqueología y se dedicó durante unos años a la investigación histórica. Ha trabajado como profesor, como editor y en una productora de cine en Los Angeles (California). Ha publicado más de una docena de libros y novelas, entre los que destacan 'El Libro Azul' (Bambú, 2007) o 'Cine para educar' (Belacqua 2005). Su obra 'Los genios del renacimiento y del Barroco italiano' (Carroggio, 2006) fue galardonada con el Premio del Ministerio de Cultura de España. 'Aretes de Esparta' es su primera incursión en la novela histórica para público adulto.

MÁS INFO:
www.edicionespamies.com
Leer el primer capítulo on-line

Via: CulturaClásica.com

martes, 24 de agosto de 2010

EL PLACER DE APRENDER ( por Rosa Montero)


ROSA MONTERO 31/07/2010 ELPAÍS.com

Aquiles y Príamo, Ulises y Eumeo, Alejandro el Magno y los árboles proféticos ... Encuentros heroicos, libro de Carlos García Gual sobre seis escenas de la literatura clásica griega, es un ejemplo de sabiduría viva, profunda y sencilla.

Siempre he pensado que Carlos García Gual es un sabio, uno de los pocos sabios que he conocido personalmente en mi vida. Este catedrático de Filología Griega, medievalista apasionado y escritor de ensayos memorables, encarna a la perfección al hombre entregado a la búsqueda y el ejercicio de la sabiduría, que por cierto es una actividad fascinante y nada aburrida. Hace cosa de un año Gual publicó un pequeño volumen, Encuentros heroicos, seis escenas griegas, que es un perfecto ejemplo de esa sabiduría viva, profunda y sencilla. Porque la sencillez es un logro intelectual dificilísimo; como decía Steinbeck, lo mejor es siempre lo más simple, pero para ser simple hace falta pensar mucho.

Encuentros heroicos recoge los comentarios de García Gual sobre seis escenas de la literatura clásica griega, seis momentos que le emocionaron o interesaron especialmente por alguna razón. Alguno de estos fragmentos es conocidísimo, como el final de la Ilíada, cuando el viejo rey troyano Príamo va a pedir, a suplicar al feroz Aquiles que le devuelva el cadáver de su hijo, y otros son rarísimos, al menos para mí, como un episodio fabuloso y delirante de Alejandro el Magno consultando a los árboles proféticos (tal y como suena: dos árboles enormes, uno llamado del Sol y otro de la Luna, que se ponen a parlotear y vaticinar el futuro), obra de un autor desconocido en el siglo III después de Cristo. "Somos lectores, en general, triviales y apresurados", dice Gual en su breve y precioso prólogo. Y pasa a reivindicar, al menos de cuando en cuando, la lectura "más densa, más inactual, más intempestiva". La lectura de los clásicos, que es esa "literatura permanente" que sigue siendo capaz de rozarnos el corazón dos milenios después de haber sido escrita.

Pero si encima esa literatura está interpretada por Gual, entonces ya no es que nos roce el corazón, sino que nos lo masajea vigorosamente. Primero, porque es un hombre que ama las escenas que ha escogido y que es capaz de transmitirnos el enorme placer que a él le provocan; pero además porque nos explica por qué son tan hermosas. Porque nos enseña a ver y a entender. Qué lujo poder leer a los clásicos con un lector así susurrando en tu oreja. Erudito y modesto (rara combinación), Gual salpica el texto de formidables datos, de reflexiones luminosas que te hacen disfrutar del gusto de aprender. Por ejemplo: explica que, en los mitos de los héroes prototípicos, el héroe suele tener un padre oscuro o carecer de padre, porque el héroe "es hijo de sus hazañas". Lo cual me parece una observación bastante sustanciosa para ocupar tan sólo un par de líneas. Y el libro está lleno de detalles así.

Brilla la fuerza de los clásicos en estas glosas, se percibe su oscuro poderío. Es bellísimo, desde luego, el encuentro de Príamo y Aquiles. Llega el viejo rey furtivamente al campamento enemigo, destrozado de dolor, tras diez días de ayuno y once noches de insomnio, y se presenta súbitamente ante el cruel Aquiles, que lleva todo ese tiempo arrastrando y maltratando el cadáver de Héctor. Y Príamo se arroja al suelo, abraza las rodillas del héroe y besa sus manos: "Me he atrevido a hacer lo que ningún humano hizo hasta ahora: llevar a mi boca la mano del matador de mi hijo". Llora Aquiles, conmovido de la grandeza del viejo al humillarse y recordando a su padre; llora Príamo, viendo a su hijo en la joven figura del guerrero que lo mató. "Y luego comparten la comida, en silencio, mientras cae la noche, y el cuerpo de Héctor (que ha sido lavado y arreglado por orden de Aquiles) está tendido entre los ropajes del féretro, como si por encima de la guerra y la sangre persistiera un cierto sentido humano", dice Gual. Es una muestra de la victoria, "acaso momentánea y efímera, del humanismo sobre la crueldad y la destrucción".

Si la primera escena posee una grandeza heroica, con un tumulto de batallas como sonido de fondo, el segundo fragmento nos remite a la nobleza de las pequeñas vidas. Es un momento de la Odisea. Ulises vuelve a Ítaca disfrazado de viejo mendigo, y uno de sus esclavos, Eumeo, que es porquerizo, lo acoge, le da de comer y le ofrece un lecho sin reconocer a su amo, por pura dulzura y generosidad: incluso le da al mendigo su propio manto. Es un personaje lleno de una rara, moderna dignidad: "Ningún otro esclavo tiene en toda la literatura griega un papel tan destacado".

Y aún queda mucho más en este libro. Queda Ájax, recreado por Sófocles, un héroe primitivo en cuyo corazón no cabe la ternura, "el mejor ejemplo de esa arcaica cultura de la vergüenza (...) donde el temor a la opinión de los demás constituye el criterio fundamental de la conducta heroica". Duro como el pedernal y sin más espacio en su pensamiento que el que dedica a su honra, abandona a su suerte a su desgraciada amante, Tecmesa. Y queda Jasón, que enamora a Medea y le promete lindezas con tal de conseguir que la muchacha traicione a su familia y le ayude a llevarse el Vellocino de Oro. O queda la historia ya mencionada de los árboles adivinos, unos seres fantásticos que Alejandro encuentra al final de un largo viaje repleto de encuentros con estrafalarios humanoides: los Ictiófagos, recubiertos totalmente de pelo; los Oclitas, que, por el contrario, no tienen ni un vello en el cuerpo y son altísimos y delgadísimos como espárragos; los Esciápodos, que utilizan de sombrilla su enorme y único pie; los Arimaspos, que carecen de cabeza y llevan la cara en el pecho... Es tan seductor Gual en la presentación de estos fragmentos que te abre el apetito de leer más. Y sobre todo te hace consciente de las muchas cosas que ignoras y del placer que te proporciona que te las enseñen. Este libro es una lección, y es estupenda.


Fondo de Cultura Económica. México, 2009
160 páginas. 12 euros
ISBN: 9788437506296

jueves, 3 de septiembre de 2009

"LA CIUDAD DEL PEZ ELEFANTE" de Peter Parsons


En 1897 dos arqueólogos ingleses comenzaron a excavar unos montículos cubiertos de arena a unos ciento cincuenta kilómetros de El Cairo. Cuando terminaron, diez años más tarde, habían reunido 500.000 fragmentos de papiro, que fueron enviados a Oxford para ser descifrados, tarea que prosigue en la actualidad. Además de textos cristianos de evangelios desconocidos y poemas griegos desaparecidos desde la caída de Roma, hay formularios de impuestos, peticiones, cartas privadas, acuerdos de venta, alquileres, herencias y listas de la compra. Con esas piezas, Peter Parsons, eminente egiptólogo y catedrático de Oxford, compone un fascinante tapiz de toodos los aspectos de la vida de una floreciente ciudad: Oxirrinco («la Ciudad del Pez Elefante») en un brazo secundario del Nilo. La total ausencia de lluvia en esta zona de Egipto favoreció la conservación de los papiros bajo la arena como en ningún otro lugar del Imperio romano. De ese modo nos llegan las voces de barberos, apicultores y armadores, curtidores y carreteros, poetas y albañiles, tejedores y vinateros, con los grandes acontecimientos de la Antigüedad tardía como telón de fondo: el auge y la caída del Imperio romano y la aparición del cristianismo, así como la fundamental crecida anual del Nilo. El resultado es un retrato único y extraordinario de la vida diaria en el valle del Nilo entre la llegada de Alejandro Magno, y la conquista árabe, mil años después.

Peter Parsons, egiptólogo y especialista en la cultura helenística, es uno de los más importantes arqueólogos contemporáneos. Catedrático de la Universidad de Oxford, es un habitual profesor invitado en los mejores centros académicos del mundo y conferenciante. Durante los últimos veinte años ha trabajado en la excavación de Oxirrinco, que ha aportado datos de trascendencia mundial para el conocimiento de la Antigüedad.

Editorial: Debate, Año: 2009
ISBN: 978-84-8306-766-6
Encuadernación: Cartoné
Dimensiones: 23,5 x 15 cm
Nº páginas: 457