lunes, 24 de diciembre de 2007

El mito de Eco y Narciso

En la mitología griega, Eco (en griego Ηχώ) es una Oréade (ninfa de montaña) que amaba su propia voz. Ella fue criada por ninfas y educada por las Musas.
La versión del poeta romano Ovidio sustenta que Zeus empleó a Eco para distraer a Hera para que no lo descubriese cometiendo adulterio. Cuando Hera descubrió el engaño, maldijo a Eco a repetir sólo las últimas palabras de los demás.
Incapaz de tomar la iniciativa en una conversación, limitada sólo a repetir las palabras ajenas, Eco se apartó del trato humano. Pero, retirada en el campo, Eco pudo conocer a Narciso, un pastor muy hermoso de quien, a pesar de su maldición, se enamoró perdidamente. Sin embargo, el joven no tenía corazón, la consideró loca y la ignoró totalmente, así que Eco murió de amor siguiendo a Narciso por los campos, repitiendo sus palabras sin cesar, sin descansar ni alimentarse, de modo que fue debilitándose y adelgazando, hasta que de ella, sólo quedó su voz, repitiéndose eternamente.
En la mitología griega, Narciso (en griego Νάρκισσος) era un joven conocido por su gran belleza. Acerca de su mito perduran varias versiones, entre las que se cuenta la de Ovidio, que fue el primero en combinar las historias de Eco y Narciso. Según esta última, tanto doncellas como muchachos se enamoraban de Narciso a causa de su hermosura, mas él rechazaba sus insinuaciones. Entre las jóvenes heridas por su amor estaba la ninfa Eco, quien había disgustado a Hera y por ello ésta le había condenado a repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera. Eco fue, por tanto, incapaz de hablarle a Narciso de su amor, pero un día, cuando él estaba caminando por el bosque, acabó apartándose de sus compañeros. Cuando él preguntó “¿Hay alguien aquí?”, Eco contenta respondió: “Aquí, aquí”. Incapaz de verla oculta entre los árboles, Narciso le gritó: “¡Ven!”. Después de responder: “Ven, ven”, Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que sólo quedó su voz. Para castigar a Narciso, Némesis, la diosa de la venganza, hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso.




Eco & Narciso