sábado, 31 de octubre de 2009

HISTORIAS GRIEGAS DE MISTERIO, MIEDO Y TERROR PARA LA NOCHE DE DIFUNTOS


De niños, todos hemos conocido y pasado miedo con personajes como el Sacamantecas, el Hombre del saco, el Coco, el Tío Saín, el hombre lobo y otros muchos mitos asustaniños ya basados en personajes reales, ya en personajes de ficción. Algunos de estos personajes del mito y folclore popular tienen ciertos antecedentes en la mitología griega: Lamia, Mormo, Mormolice, Gelo, Empusa, Harpías, Licaón, etc.

La palabra griega δαíμων (daímon), transcrita como démon, significaba en su origen dios secundario o poco poderoso. No tenía sentido negativo hasta que hacia finales del periodo helenístico nos la encontramos ya con el significado de “espíritu maligno”. Es la raíz griega que ha dado nuestra palabra “demonio”. Los démones eran espíritus malignos generados por asesinatos violentos o maldiciones. Los griegos pensaban que todas las personas tenían una edad determinada para morir decidida por los dioses, por eso si alguien moría antes del tiempo que los dioses habían decidido, de forma prematura, por asesinato, en combate, por suicidio o por no haber recibido sepultura, se convertía en un démon, un espíritu maligno, irritado, violento, cruel y con sed de venganza al que los magos solían convocar para provocar un mal. De entre los demonios malignos el Alástor era un espíritu vengador del derramamiento de sangre familiar.

También hubo en el mundo antiguo historias populares de casas encantadas, residencias de fantasmas y espíritus. La palabra griega “phásma” o “phantásma”, que da nuestro palabra “fantasma” significa “aparición espectral”. El geógrafo Pausanias nos habla de cómo en la llanura de Maratón, donde se desarrolló la batalla entre griegos y persas, podían escucharse por las noches el relinchar de los caballos y las voces de los guerreros que murieron. El historiador Heródoto nos habla del fantasma de un hombre que se le aparece a otros hombres para encomendarles una misión; en la tragedia Los Persas de Esquilo, uno de sus personajes es la sombra o fantasma de un rey muerto.

La magia negra en Grecia perseguía provocar la ruina, la enfermedad o incluso la muerte en una persona. Esto se hacía a través de una “atadura” o “ligadura” en las tablillas de maldición. El procedimiento consistía en escribir en una tira de plomo un conjuro con lo que se quería provocar en la víctima. Después se enrollaba y se le clavaban clavos o alfileres. Por último había que depositar la lámina por la noche en una tumba y, a veces, se mataba allí mismo a un animal pequeño (por ejemplo, un gallo), para animar al espíritu de la tumba a que saliera por la sangre y actuara contra la persona a la que se le había hecho la atadura. Se suponía que el espíritu sería capaz de desenrrollar la lámina de plomo, leerla y buscar a la persona a la que se había maldecido para hacer caer sobre ella su sed de sangre y venganza.

Texto de una tablilla de maldición con un conjuro para los espíritus malignos. (¡ojo! no sirve contra los profes de griego :)

“Espíritus que vivís bajo tierra… enterrad con gemidos al inscrito en esta maldición silenciadora… Os conjuro a vosotros, espíritus de la fosa común, muertos violenta o prematuramente, insepultos, en el nombre de la que sacude la tierra y ha hecho descender los miembros de Meliouchos y al propio Meliouchos. Os conjuro en el nombre de Achalemorphoph, Achalalagmorph Ousrapio. Haced lo que está aquí inscrito"

López Jimeno, A.: Textos griegos de maleficio. Madrid, 2001, p.127.


Uno de los mejores escritores de cuentos de misterio y terror de la historia de la literatura universal, Edgar Allan Poe, recogió en un relato breve llamado “Sombra” el mundo de los fantasmas en época griega. En él, un grupo de amigos guerreros se reúnen para llevar a cabo el funeral de uno de sus compañeros muerto por una epidemia de peste que asola la ciudad. Durante la celebración se presenta una extraña sombra que termina llevándose a todos los guerreros al mundo de los muertos.



Via: Atlantiká

2 comentarios:

Ricardo dijo...

Muchas gracias por reseñar mis trabajos en tu blog. Un saludo cordial.

Juan Andrés Caballero dijo...

Lo que es bueno, es reseñable.

Saludos