jueves, 19 de junio de 2008

P.A.U. GRIEGO (OVIEDO JUNIO 2008)


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Pongo un enlace a la wikipedia que nos ilustre sobre los autores que han sido objeto de examen este año en la P.A.U. de Oviedo:

Claudio Eliano (c. 175- c. 235 d. C ) : Περὶ Ζωῶν Ιδιότητος (De Natura Animalium) /Historia de los Animales.

Luciano de Samosata ( 125- 181 d. C.): Icaromenipo.

Reproduzco aquí una reseña interesante sobre el Icaromenipo de Luciano:

"...Y llego a mi texto preferido, “Icaromenipo o Menipo en los cielos”. El tal Menipo, queriendo emular parcialmente a Icaro -por tanto, evitando la parte de caerse y morir- se ata un ala de águila a un brazo y un ala de buitre al otro para subir a los cielos. La justificación es bien simple: está claro que en la Tierra no va a conseguir ningún conocimiento cierto porque los que dicen poseer la verdad, filósofos y demás gentes de mal vivir, en realidad son unos embaucadores que creen los absurdos más grandes sin ofrecer la más mínima justificación. Pero desde los cielos todo serán verdades evidentes. Así se lo cuenta a su amigo, después de regresar de la aventura.
Desde la Luna Menipo lo contempla todo y aprende muchas cosas sobre la vida de los hombres en la Tierra. Pero desea aprender más y decide seguir subiendo y llegar al Olimpo. Puesto a saber, mejor preguntarle a los dioses. Pero antes de partir, la Luna le pide que entregue a Zeus un mensaje y un ruego. El pobre satélite está más que harto de lo que los hombres “sabios” dicen sobre él y le ruega a Zeus que les cierre la boca. Poco después, ya en el Olimpo, y antes de que a Menipo le larguen de nuevo a nuestro mundo, el Crónida se despacha a gusto con ese grupo de embaucadores:
»Es un linaje que ha llegado al mundo no hace mucho, perezoso, pendenciero, altivo, irascible, glotón, fatuo, lleno de humo y soberbia, un inútil peso de la tierra en palabras de Homero. Divididos en escuelas maquinan diversos laberintos verbales y se llaman “estoicos”, “académicos”, “epicúreos”, “peripatéticos” y nombres mucho más de reír. Se endosan el venerable nombre de la “virtud”, alzan las cejas, arrugan las frentes, se dejan crecer las barbas y dan vueltas ocultando con sus falsos disfraces sus rastreras costumbres, parecidos más que nada a los actores de la tragedia: si se les quitan las máscaras y la túnica bordada en oro quedaría un hombrecillo ridículo que cobra la función a siete dracmas.
»Siendo ésta su calaña, desprecian a todos los hombres y cuentan cosas peregrinas sobre los dioses. Reúnen a jóvenes fáciles de engañar, ponen en escena la muy sonada “virtud” y enseñan sus argucias verbales. Ante sus discípulos celebran sin cesar la continencia, la templanza, la autosuficiencia, y rechazan el dinero y el placer, pero cuando se quedan solos… ¿qué podría describir todo lo que comen, los placeres de la carne a que se dan o cómo limpian a lametazos hasta la mugre de los óbolos?
»Y lo más grave es que no haciendo nada provechoso ni en público ni en privado y siendo inútiles y superfluos y no figurando nunca ni en la guerra ni en la asamblea, acusan a los demás con provisión de palabras amargas, maquinan nuevas injurias, reprochan y calumnian al prójimo. De ellos parece llevarse la palma el que grite más alto y sea más desvergonzado y atrevido a la hora de difamar. Y si se preguntara al que con tanto tesón grita y acusa a los demás: “Y tú, ¿a qué te dedicas? ¿Qué provecho diremos, en nombre de los dioses, que traes tú a la vida?”, respondería, si quisiera decir la verdad: “Navegar, labrar la tierra, ir a la guerra o practicar un oficio me parece enteramente superfluo: yo me dedico a graznar, a ir polvoriento, a bañarme en agua fría y a pasear descalzo en invierno, a llevar un manto asqueroso y, como Momo, a calumniar lo que hacen los demás. Si algún vecino ha comprado suntuosas viandas o tiene una amiga, me pongo a chismorrear y me indigno. Pero si un amigo o compañero yace enfermo, necesitado de atención y cuidado, lo ignoro”.
Parece tal cual estar describiendo a cualquier intelectual de nuestra época.
Pero qué moderno era Luciano de Samósata.
He leído otras cosas de Luciano -varios de los diálogos- pero he visto que Gredos tiene toda su obra publicada en cuatro volúmenes. Creo que me haré con ellos. Es simplemente demasiado divertido."

Añado este enlace a una edición de 1519 de una versión latina de obras de Luciano por Erasmo de Roterdam y Tomás Moro (incluye Utopia de T. Moro) Luciani Opuscula Erasmo Roterodamo interprete