domingo, 11 de julio de 2010

LVI EDICIÓN DEL FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE MÉRIDA


Transcribo aquí la presentación del Festival de este año por Francisco Suárez, el director del mismo.

Si el año pasado para celebrar la quincuagésimo quinta edición del Festival de Mérida se encendieron miles de llamas como símbolo de la luz que nos regaló Prometeo a los mortales, este año será el agua la metáfora primordial que nos conduzca, desde el desierto en que estamos, a encontrar en ese pozo de agua viva e inacabable como son los textos de los antiguos poetas griegos, el oasis deseado para calmar la sed en estos tiempos de sequía.

Eurípides, Homero, Esquilo, Aristófanes, Albert Camus, Pérez Galdós-Francisco Nieva y Molière serán los que nos indiquen el camino a seguir y los que nos desvelen en esta dura travesía, la razón de tal condena.

Cuenta Hesíodo que el agua como fuente de la vida es sagrada, y que el hombre jamás debe mancillarla. Esta norma primitiva, figura esencial de las normas civiles que los hombres tienen que respetar puede aplicarse hoy en día. Considera el poeta griego que en ese elemento común a todos es donde los hombres deben conciliar sus intereses y ponerse de acuerdo para no ser castigados.

Para estos malos tiempos, donde se han roto las normas civiles más elementales, donde la desmesura y la codicia financiera campean sin consideración alguna, donde la insolidaridad es un agravio manifiesto y donde el agua revuelta es ganancia de especuladores, estos sabios, en el Festival de Mérida y en su quincuagésimo sexta edición, nos enseñarán de nuevo a ser prudentes en todo y nos ayudarán con el arte del teatro a que esas normas civiles no vuelvan, otra vez, a ser pisoteadas. Valgan algunos ejemplos: Eurípides promueve trágicamente el consenso de las leyes en su magnífica Medea; en la Ilíada, Homero provoca con su violenta epopeya, la paz; Esquilo en su primigenio Prometeo aboga por su defensa; Aristófanes satiriza en Lisístrata la corrupción de la norma; Camus en su soliviantado Calígula levanta su voz para proclamar un orden en medio de tanta y perversa convulsión, y tanto Galdós-Nieva como Molière, denuncian, uno desde el melodrama y el otro desde la comedia, los excesos de dicha norma.

Sin embargo, sabemos que lo que embellece al desierto es que en alguna parte esconde un pozo de agua y que más allá de la arena se encuentra el mar.

Francisco Suárez
Director del Festival de Mérida